lunes, 10 de septiembre de 2012

Cuca- track


Cuando ingirieron veneno (dependiendo del tipo de veneno), suelen
tener una muerte lenta. Los venenos para cucarachas están pensados
para eliminar también a las larvas. Porque las cucarachas se
reproducen con mucha facilidad. Al punto en que están semi muertas, se
les ve arrastrar una espuma blanca que les brota del estómago.
Nunca hay que echar veneno para cucarachas cuando se está adentro de
la casa. No lo digo sólo por los alérgicos, sino también para aquellos
que le tienen fobia a estos insectos. Porque el veneno es un gran
anzuelo, las atrae masivamente, como el sonido de las voces de Los
Simpson atraen a cualquier fanático hasta la pantalla después de
pasada la pausa. El cuarto en donde se haya echado el veneno comienza
a plagarse de pequeños óbalos negros, morados o rojos, o granates,
depende del grado de daltonismo que uno tenga. Luego, los pequeños
óbalos se abanlanzan hacia uno, que está sudado y excecra un olor que
es atrayente para estos bichos. Y entonces no le queda a uno otra
opción que la de salir al patio, en donde es probable que se tope con
otras cucarachas, o tal vez con otro tipo de alimañas.
Las cucarachas suelen tener sus preferencias en cuanto a los olores y
texturas. Por ejemplo, les encantan las texturas blandas como la del
queso o la del pan de jabón. Siempre es posible que en donde hay queso
y jabón, hay también cucarachas. Por eso conviene usar queseras y
jaboneras a la hora de consumir estos productos, ya que es más
desagradable encontrarse con los resultados que prevenirlos.
Otra cosa es la de caminar descalzo y pisar una cucaracha muerta. Eso
también es algo desagradable que se puede evitar. Yo recomiendo
siempre usar un calzado cerrado, y usar también talco para que el pie
no se guise en caldo de pata.
(Fragmento)

Pozo ciego


Rodrigo: Mi corazón es un circuito epiléptico. Mi mente es un escondite de ratas.
 Yo: Hay vacas.
 Rodrigo: Muchas.
  Demasiadas, quizá.
 Yo: Vacas ratas.
 Rodrigo: Tienen 4 patas.
  Estoy cansado.
  Más que cansado, estoy podrido.
 Yo: Siempre, tu alma está podrida
Rodrigo: Ah...
  Eso de no creer en Dios...
 Yo: Huele a pozo ciego.
 Rodrigo: Pozo séptico.

El rodillazo


Abre la heladera y no hay nada. Hay, sí, una leyenda escrita con pedazos de calcomanías: “Es+Ella+Camino+Dormir+Comer+Has+Casa+Niñ+Eres”. Y Luego “Puedes+Estudiar+Has”; “Tú+Eres”. “Puedes” oculto debajo de la manija para poder abrir la puerta. “Tuyo” mezclado con “Tengo”. Todas mixturas, pedazos de algo que forma parte de un Todo plagado de alcachofas y marcas de productos comestibles que él mismo promociona. Forma parte, también, de una empresa distribuidora, aglutinadora. Y el fulbo. Yo nací y me crié en los estantes, en las góndolas de los supermercados. Yo sentía el olor y ya podía reconocer en la sección en la que estaba. Yo puedo saber a distancia dónde está el shampoo de oferta, así es el gordo… fumaba para caerle simpático a la gente. Y por el dolor cervical, que lo mata. Más solo que un sorete en el mar, aunque conocía de hacía rato a la ratoncita altiplánica con lindos ojos y pestañas, que nunca le daba bola, y pasó.
(Fragmento)

Edmundo


EDMUNDO ha dejado atrás al espíritu. Vive en la materialidad de lo posible, creyendo que los átomos lo dicen todo. El mundo, dice EDMUNDO, cree justificar su vida mediante las operaciones de la bolsa, y la ley de la oferta y la demanda, y por qué no hacerlo. El azar es algo que un atomista podría despreciar, pero EDMUNDO se dedicó a la quiniela, y con un capital instaló en la ciudad varios ilegales que levantaban lotería en las villas. Le iba bien, tenía a toda la bonaerense coimeada, y encima varios empleados que fielmente trabajaban para él. Pero EDMUNDO era un buen tipo que justificaba su explotación con frases como “yo los saqué de la calle” y “qué otra cosa podrían hacer sin mí”. Sin embargo, no era fácil, y había que trabajar a costas del matón del barrio que lo venía apurando hacía rato. Era terrible porque el pelo se le caía cada vez más, y los atados de cigarrillos se le patinaban de las manos. Había que romper con la rutina de una vez, y para siempre, y por eso, un día se ganó la lotería y se fue a viajar por el mundo. En el viaje avanzó hacia lo desconocido, y padeció la alteración, el vuelo y la ausencia. Conoció, así, a CAVALLO, en una terraza de un hostel en La Paz, fumando mucho, mirando hacia el horizonte. Era de noche, y CAVALLO, como buen porteño de Valparaíso, tiró un chiste al pasar, comparando al paisaje de la noche paceña con el del puerto de Valparaíso. Pero EDMUNDO, bonaerense de ley, con esa sensación que se empieza a sentir cuando uno procede de la gran ciudad que no tiene lugares particulares, sino que para el extranjero todos los lugares son en ella la misma cosa, no conocía ni Valparaíso ni tampoco detalles sobre la guerra del Pacífico, por lo cual hizo un gesto de risa que acabó en un sentimiento de admiración por aquel chileno misterioso que un día se le apareció de la nada convidándole porro. Y fue él, CAVALLO, quien le dijo que las cosas no son siempre lo que parecen ser, frase del todo trillada pero que EDMUNDO tomó con cierto tipo de ingenuidad. EDMUNDO y CAVALLO se hicieron grandes amigos. Cruzaron la selva boliviana por el camino de la muerte, para llegar a Curacanabis en la parte de atrás de una camioneta de unos dueños de estancia que llevaban un cordero muerto. Luego cruzaron el camino del Inca, y sintieron la furia del Machu Pichu. EDMUNDO se apunó dos veces, y CAVALLO dos veces lo asistió con té de coca. EDMUNDO sintió por primera vez su debilidad, y en esa confusión sintió haberse enamorado de CAVALLO, pese a todas sus contradicciones.  
(Fragmento)

La Norma

Yo trato de pensar según las leyes de la causa y del efecto, pero esto fue pura casualidad. Me encontré con La Norma, cuando bien podría haberme encontrado con la nada misma. Porque ella también trabajaba en una “Inmoviliaria”. Pero evidentemente el azar a veces es caprichoso e innecesario. Qué falta de sentido total es estar en un local sobre Juan B. Justo esperando que alguien entre para preguntar sobre alquileres que no existen, mientras los obreros construyen el Metro Bus y se respira una serie de falsos entusiasmos colectivos. Aristóteles hablaba del primer motor inmóvil, creo, aquel que mueve ser sin movido, que es puro acto, causa primera, o sea que no hay efecto que la haya producido. Causa incausada.
 Ese día me encontré con La Norma en la estación de San Andrés, y me dijo que ya estaba establecida.
(Fragmento)