EDMUNDO
ha dejado atrás al espíritu. Vive en la materialidad de lo posible, creyendo
que los átomos lo dicen todo. El mundo, dice EDMUNDO, cree justificar su vida
mediante las operaciones de la bolsa, y la ley de la oferta y la demanda, y por
qué no hacerlo. El azar es algo que un atomista podría despreciar, pero EDMUNDO
se dedicó a la quiniela, y con un capital instaló en la ciudad varios ilegales
que levantaban lotería en las villas. Le iba bien, tenía a toda la bonaerense
coimeada, y encima varios empleados que fielmente trabajaban para él. Pero
EDMUNDO era un buen tipo que justificaba su explotación con frases como “yo los
saqué de la calle” y “qué otra cosa podrían hacer sin mí”. Sin embargo, no era
fácil, y había que trabajar a costas del matón del barrio que lo venía apurando
hacía rato. Era terrible porque el pelo se le caía cada vez más, y los atados
de cigarrillos se le patinaban de las manos. Había que romper con la rutina de
una vez, y para siempre, y por eso, un día se ganó la lotería y se fue a viajar
por el mundo. En el viaje avanzó hacia lo desconocido, y padeció la alteración,
el vuelo y la ausencia. Conoció, así, a CAVALLO, en una terraza de un hostel en
La Paz, fumando mucho, mirando hacia el horizonte. Era de noche, y CAVALLO,
como buen porteño de Valparaíso, tiró un chiste al pasar, comparando al paisaje
de la noche paceña con el del puerto de Valparaíso. Pero EDMUNDO, bonaerense de
ley, con esa sensación que se empieza a sentir cuando uno procede de la gran
ciudad que no tiene lugares particulares, sino que para el extranjero todos los
lugares son en ella la misma cosa, no conocía ni Valparaíso ni tampoco detalles
sobre la guerra del Pacífico, por lo cual hizo un gesto de risa que acabó en un
sentimiento de admiración por aquel chileno misterioso que un día se le
apareció de la nada convidándole porro. Y fue él, CAVALLO, quien le dijo que
las cosas no son siempre lo que parecen ser, frase del todo trillada pero que EDMUNDO
tomó con cierto tipo de ingenuidad. EDMUNDO y CAVALLO se hicieron grandes
amigos. Cruzaron la selva boliviana por el camino de la muerte, para llegar a
Curacanabis en la parte de atrás de una camioneta de unos dueños de estancia
que llevaban un cordero muerto. Luego cruzaron el camino del Inca, y sintieron
la furia del Machu Pichu. EDMUNDO se apunó dos veces, y CAVALLO dos veces lo
asistió con té de coca. EDMUNDO sintió por primera vez su debilidad, y en esa
confusión sintió haberse enamorado de CAVALLO, pese a todas sus
contradicciones.
(Fragmento)
(Fragmento)
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