lunes, 10 de septiembre de 2012

Edmundo


EDMUNDO ha dejado atrás al espíritu. Vive en la materialidad de lo posible, creyendo que los átomos lo dicen todo. El mundo, dice EDMUNDO, cree justificar su vida mediante las operaciones de la bolsa, y la ley de la oferta y la demanda, y por qué no hacerlo. El azar es algo que un atomista podría despreciar, pero EDMUNDO se dedicó a la quiniela, y con un capital instaló en la ciudad varios ilegales que levantaban lotería en las villas. Le iba bien, tenía a toda la bonaerense coimeada, y encima varios empleados que fielmente trabajaban para él. Pero EDMUNDO era un buen tipo que justificaba su explotación con frases como “yo los saqué de la calle” y “qué otra cosa podrían hacer sin mí”. Sin embargo, no era fácil, y había que trabajar a costas del matón del barrio que lo venía apurando hacía rato. Era terrible porque el pelo se le caía cada vez más, y los atados de cigarrillos se le patinaban de las manos. Había que romper con la rutina de una vez, y para siempre, y por eso, un día se ganó la lotería y se fue a viajar por el mundo. En el viaje avanzó hacia lo desconocido, y padeció la alteración, el vuelo y la ausencia. Conoció, así, a CAVALLO, en una terraza de un hostel en La Paz, fumando mucho, mirando hacia el horizonte. Era de noche, y CAVALLO, como buen porteño de Valparaíso, tiró un chiste al pasar, comparando al paisaje de la noche paceña con el del puerto de Valparaíso. Pero EDMUNDO, bonaerense de ley, con esa sensación que se empieza a sentir cuando uno procede de la gran ciudad que no tiene lugares particulares, sino que para el extranjero todos los lugares son en ella la misma cosa, no conocía ni Valparaíso ni tampoco detalles sobre la guerra del Pacífico, por lo cual hizo un gesto de risa que acabó en un sentimiento de admiración por aquel chileno misterioso que un día se le apareció de la nada convidándole porro. Y fue él, CAVALLO, quien le dijo que las cosas no son siempre lo que parecen ser, frase del todo trillada pero que EDMUNDO tomó con cierto tipo de ingenuidad. EDMUNDO y CAVALLO se hicieron grandes amigos. Cruzaron la selva boliviana por el camino de la muerte, para llegar a Curacanabis en la parte de atrás de una camioneta de unos dueños de estancia que llevaban un cordero muerto. Luego cruzaron el camino del Inca, y sintieron la furia del Machu Pichu. EDMUNDO se apunó dos veces, y CAVALLO dos veces lo asistió con té de coca. EDMUNDO sintió por primera vez su debilidad, y en esa confusión sintió haberse enamorado de CAVALLO, pese a todas sus contradicciones.  
(Fragmento)

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